Verano en la Ola.

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El verano en la Ola, pasaba como el resto de estaciones, templado y uniforme. Asier no sabía si volvería a sentir el sol sobre su piel o los copos de nieve bajo capas y capas de ropa; tampoco es que le importase demasiado, sabía que había tenido suerte. Suerte de estar en la Ola (llamada así porque una mujer, antes de entrar aquí vio la forma que tenía el complejo subterráneo, que parecía una ola, y así la bautizaron); o eso creía antes (porque era estúpido, y aún no había conocido a Arvid), ahora sabía que no era así, la suerte no existe, solo la voluntad, la voluntad de Arvid.

Con Arvid mismamente se cruzó, como todos los dias, llendo a la oración matinal, y luego lo volvió a ver cuando nos deseó a todos un «buen y productivo día» en el desayuno, y luego entrando a la guardería, donde Asier trabajaba como ayudante, Arvid siempre se acercaba para ver cómo crecían los niños; Arvid era un buen tío.

Habiendo acabado su turno, fue a ver a Lucas, su mejor amigo en la Ola, Lucas era de otro sector distinto al suyo, pero no pasaba nada, realmente la única diferencia entre ambos era su aspecto y el tatuaje que tenían detrás de la oreja.

—¡Asier!—le saludó su amigo, Lucas no parecía el mismo, en sus ojos había una especie de brillo, se le veía feliz, Asier se alegró.

—Lucas, ¿vamos a la zona de juegos? Dicen que han traído un nuevo videoju…

Lucas ya se había puesto en marcha, en dirección al aréa de gimnasio, Asier le siguió sorprendido, y más lo estuvo cuando pasaron del aréa de gimnasio, y luego de la piscina, e incluso de las aulas para los mayores de doce, paró justo enfrente de una puerta que decía «instrumentos de limpieza», Lucas se giró hacia él y posó un dedo sobre sus labios. «¿Pero qué pasa?—pensó Asier», entraron dentro, el cuarto estaba lleno de fregonas y otros útiles (su padre le dijo que los habían traído del exterior, Arvid y sus leales, antes de llevar a la salvación a todas las personas que viven en la Ola), Lucas apartó un cubo que dejaba a la vista la zona de calderas, su amigo sacó una llave.

—¿Lucas? Nosotros no…—su mejor amigo le chistó para acallarlo, y abrió la puerta.

Agarró la mano de Asier, y cuando cerró la puerta de nuevo, alejandolos de la humanidad, le dirigió la palabra.

—Escucha, Asier, nos han mentido—declaró Lucas, que al ver el gesto extrañado de su amigo, continúo—. Arvid, los leales, los guardias, tus padres, todos; verás, la humanidad sigue existiendo, hay vida, nunca tuvo lugar el apocalipsis que juran Arvid y los suyos.

La cabeza de Asier empezó a dar vueltas, y se tuvo que apoyar en la pared, «¿por qué Lucas decía aquéllas barbaridades? Claro que se había acabado la vida, sino por qué razón nos hubieran cogido».

—¿Estás loco? ¿Qué dices? Hemos tenido suerte de que Arvid nos escogiera, estamos vivos gracias a…

—¡NO! Es mentira, te lo voy a contar todo.

»Mis padres y otros de todas las zonas de la Ola, no se creyeron eso, nunca creyeron a Arvid; cuánta menos información les daban, más ganas tenían de dejar todo esto. Hace dos meses, un tipo llamado Hamel, estaba trabajando en un problema con el aire acondicionado en la zona oeste, pero lo que pasaba no era algo normal, había atascado el cuerpo de una rata, había muerto recientemente; y, como sabes, aquí nunca ha habido ratas o animales, lo cuál se constata con la teoría, no ha ocurrido nada.

»Al principio, no me lo podía creer, pero cuántas más vueltas le doy, más sentido tiene. Han tardado muchas horas y sacrificio, e incluso algún que otro castigo, pero han encontrado una salida; estamos llendo hacia ella, querido amigo, vamos hacia la libertad, dicen que es verano, y que podremos ir a la playa; vamos a salir en media hora, pero solo me dejaban traer a otra persona, y te escogí, luego rescatarán a tus padres, y podremos volver a vivir.

Lucas le miró a los ojos, ilusionado; se pusieron a andar, en silencio, mientras Asier asimilaba todo.

Cómo su amigo podía hablar de semejante cosa, el mundo no existía, lo sabían incluso los bebés, le debían todo a Arvid; por qué iba a cometer traición, lo más seguro es que muriese, solo por hacer caso a un traidor, alguien como Lucas, un rebelde, un idiota. Sus padres ya le habían dicho que los padres de Lucas no eran buenos, pensaban diferente, pensaban mal; gente como aquella no merecía un salvador, ya se lo habían advertido a todos, y se lo repetían: los triadores, los rebeldes, los insubordinados no valían la pena, no servían para la Ola, no merecían vivir.

La ira, mezclada con una pizca de confusión, corría a través de las venas del joven Asier; no podía permitir que semejantes personas estuviesen aquí, no merecían la suerte, no merecían la vida que les había regalado Arvid. Un trozo de tubería, mugriento y oxidado se cruzó en la mirada de Asier, debía hacerlo, debía acabar con todo aquello; agarró el trozo, la ira y el asco hacia Lucas, su amigo, cegó sus ojos, «¿cómo he podido ser amigo de algo un ser tan malvado?» Y Asier cogió fuerza, recordó cómo le había enseñado su padre a batear una pelota de beisbol, y golpeó con todo lo que tenía a la cabeza de su amigo.

Tiró la tubería a un lado y le dirigió una últimas palabras a Lucas:

—No pienso morir por culpa de alguien como tú, volveremos a fundar la humanidad y yo pienso estar presente.

FIN

—fallviour.

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